Economía de cooperación: una respuesta local a los retos globales (Juan Manuel Sinde)

21/07/2016

Veíamos en un artículo anterior los tres retos globales para las próximas generaciones que según el economista inglés Paul Mason, son “motivos racionales para el pánico”: la bomba de relojería demográfica, el riesgo de colapso financiero a ella asociado y la degradación ecológica.

Comentábamos también que Papas tan diferentes como Benedicto XVI y Francisco han apuntado soluciones similares para afrontar los dos últimos problemas. Uno proponiendo una Autoridad Mundial que tenga competencias suficientes para controlar y gobernar el sector financiero internacional, globalizado e imposible de controlar por los Estados. El otro, proponiendo un Órgano mundial similar para preservar el desastre ecológico que nos amenaza.

Ante ambos problemas queda claro que, como muchos analistas subrayan, ante la creciente globalización de los procesos económicos, los Estados nacidos en el siglo XIX “son demasiado pequeños para resolver algunos problemas y demasiado grandes para resolver otros”. En los dos casos citados, es imprescindible un alto nivel de cooperación internacional para afrontar los mismos con alguna esperanza de éxito.

Pero no todos los problemas pueden ser resueltos a nivel internacional. Ni es cierto que las pequeñas comunidades no puedan hacer nada para, cuando menos, minimizarlos.

Por ejemplo, la amenaza de deterioro ecológico o el desequilibrio entre las demandas ciudadanas y los recursos públicos disponibles pueden (y deben) ser abordados también desde la cooperación entre los ciudadanos y la Admon. o, en expresión reciente, desde la cooperación público-privada.”La cooperación es la poderosa palanca que multiplica la eficacia de nuestros esfuerzos” recordaba Arizmendiarrieta.

Es imprescindible, en ese sentido, que los ciudadanos no nos situemos ante la Admon. como sujetos de derechos ilimitados y asumamos la cuota de responsabilidad que nos corresponde para ser parte de la solución y no de los problemas.

En ese sentido, son conocidas las recomendaciones para ahorrar energía o para favorecer el reciclaje de desechos domésticos. Hábitos nuevos, poco exigentes, en los que destacamos en comparación con otras comunidades pero en los que todavía estamos lejos de países líderes como Finlandia, por ejemplo.

También es conocida la recomendación de grupos cristianos para que familias y empresas se comporten de forma responsable pagando adecuadamente los impuestos establecidos (incluso aquellos, como el IVA, difícil de controlar por la Administración en ocasiones) y renunciando las empresas a utilizar paraísos fiscales. Igualmente, sugieren hacer una adecuada utilización de los servicios y ventajas sociales establecidas, sin “trampas legales”, de forma que puedan llegar para todos los que efectivamente los necesitan.

Sería conveniente también, en este contexto, profundizar en una reflexión serena sobre la presión impositiva adecuada, aunque siempre evitando prejuicios ideológicos de uno u otro signo y buscando actuar sobre problemas que se presentarán en un horizonte de medio y largo plazo. (No, por tanto, para mantener estructuras públicas ineficaces ni para facilitar la pervivencia de lo que algunos analistas denominan “paraísos sociales”)

Se derivaría así un reto importante para el propio sector público vasco, creado en tiempos en que se dispuso de recursos económicos extraordinarios, para revisar sus estructuras y organizarse según los estándares internacionales más eficientes. Buscando fórmulas de cooperación público-privada que hagan posible conciliar el igual trato a los ciudadanos, propio de los servicios públicos, con una gestión más eficaz característico de las actividades privadas, bien con ánimo de lucro o no, como las empresas del Tercer Sector.

En lo que se refiere a ejemplos de éxito relativos a la cooperación público-privada, es destacable entre nosotros la aceptación de las familias vascas a los centros de enseñanza concertada, religiosos o de iniciativa social, en los que se estima que el coste por alumno ronda el 50% del coste en la red pública o el eficaz apoyo de las Sociedades de Garantía Recíproca a la financiación de las Pymes, con una fórmula mucho más eficaz para desarrollar sus proyectos que un hipotético Banco Público.

Sería recomendable, por tanto, que el propio Sector Público vasco profundizara en sus oportunidades de mejora, buscando fórmulas innovadoras de cooperación en beneficio de su eficiencia, de forma que ello redunde en el mantenimiento de prestaciones sociales de sostenibilidad incierta en el futuro.

Para ello, la realización de estudios comparativos rigurosos con los países más eficaces (no olvidemos que la Admon. vasca no llega a 40 años de experiencia) pudiera aportar luz para ir preparándonos ante un escenario mucho más exigente.

Otro ámbito de vital importancia es el empresarial ya que los recursos públicos están totalmente condicionados por la creación de riqueza que ciudadanos y empresas consigan. Y es que las empresas actúan directamente sobre algunas de las variables económicas que inciden en los problemas comentados (nivel de empleo, de renta, rentabilidad a las inversiones en ellas realizadas,…).En buena medida, de ellas depende de que, por ejemplo, el nivel de desempleo de nueve regiones alemanas no supere el 3%, cuando, además, en algunos casos el salario medio es un 30% superior al de los trabajadores vascos.

Pero es éste un tema lo suficientemente importante como para darle un tratamiento específico en una próxima ocasión.

Juan Manuel Sinde
Miembro de Arizmendiarrietaren Lagunak Elkartea