Inclusión social (Javier Retegui)

30/04/2018

Inclusión social

(Ámbito de cooperación)

La persona es sujeto, centro y fin de la organización social y, como tal, responsable de su destino. Ejerce su protagonismo inserta en una comunidad de la que recibe apoyo y en la que comparte esfuerzos. El binomio persona-comunidad es punto de partida de la estructura social.

La comunidad ofrece condiciones de: educación, salud y trabajo, para que los miembros crezcan en personalidad y ejerzan su creatividad. La “igualdad de oportunidades” para todos es objetivo esencial de la organización social.

La actual sociedad cumple razonablemente las dos primeras pero fracasa estrepitosamente en la igualdad de oportunidades en el trabajo. Si a las cifras de desempleo le añadimos: las de las personas “sin papeles”, que tienen vetado el acceso, y las que engrosan la precariedad laboral, que impide asentar un proyecto de vida, constatamos que el problema es grave y endémico. Una comunidad, que se precie de tal, no puede aceptar una situación que atenta a la dignidad de las personas. Paliar las consecuencias a través de “ayudas sociales” alivia situaciones pero no incide en la raíz del problema.

La caridad, tanto la institucionalizada como la voluntaria, tienen el peligro de instalarse como solución crónica: asentando un “paternalismo” inhibidor, consagrando situaciones injustas y dividiendo la sociedad en clases. Se quiebra el concepto de comunidad.

Mientras tanto, la economía se ha transformado; abandona sus formas tradicionales y genera el éxodo rural. Medios de vida seculares quedan en minoría mientras se despueblan zonas rurales. El mercado de proximidad, de confianza y de calidad desaparece siendo sustituido por productos de múltiples procedencias y distancias considerables. Como consecuencia tenemos: recursos abandonados, degradación ambiental y dependencia del exterior. Se da la paradoja de infrautilización de recursos disponibles y exclusión de personas aptas para su explotación.

Aunque preocupante la situación es reversible, contando con conocimientos técnicos y formas de organización actuales. La producción artesanal-tradicional evoluciona creciendo en eficiencia. La comercialización y distribución adquieren nuevas formas mediante la complicidad productor-consumidor generando comunidades de “proyectos compartidos”. En general, se recupera la economía tradicional, transformando la forma artesanal por sistemas tecnificados acordes con los conocimientos actuales.

Existen conocimientos, instituciones especializadas y experiencias contrastadas, pero se requiere un impulso social-comunitario para su normalización en el mercado competitivo y su extensión territorial.

Son posibles múltiples actividades que requieren mano de obra, no especializada, de las características de las bolsas del desempleo.  Hay experiencias protagonizadas por instituciones caritativas que evolucionan, desde la pura caridad, a la creación de actividad auto sostenida protagonizada por los propios partícipes. Algunos ejemplos:

  • “Huertos ecológicos”, poniendo en explotación terrenos infrautilizados y empleando a personas excluidas. Ha superado la fase experimental y puede expandirse de forma significativa. Explota recursos abandonados, emplea personas de difícil encaje, contribuye al auto abastecimiento de productos de calidad y recupera el mercado local.
  • Aprovechamiento de la biomasa forestal para usos energéticos. Retira la maleza del bosque, mejora el desarrollo forestal, reduce riesgos de incendio, transforma la biomasa en materia prima, promueve su utilización en uso energético, genera empleo y reduce la dependencia energética del País con energías renovables.
  • Recogida y reutilización de ropa usada que, pasada la fase experimental, es una realidad tangible.

Son actividades nacidas de la necesidad e impulsadas por entidades caritativas que luchan por soluciones justas. Para pasar de esta fase experimental a solución estructural, requieren del impulso y acompañamiento de instituciones públicas y privadas que: les aporten conocimientos técnicos, pongan a su disposición recursos ociosos y adecúen las normativas legislativas que lo favorezcan. En definitiva, que se planteen como “Proyecto de País” en el que concurren diversas instituciones en su promoción y desarrollo.

Se trata de responder, con criterio empresarial, a un problema estructural sustituyendo, progresivamente, paliativas soluciones caritativas por otras que garanticen justicia y equidad. Requiere establecer “redes de cooperación” entre entidades públicas y privadas, entre instituciones comunitarias de diferentes características e intereses, para abordar un problema estructural que afecta a toda la comunidad. Establecer los caminos de cooperación para la inclusión social es el primer escalón de la “Economía de Cooperación”.

 

Javier Retegui