Ir a la Luna para entender mejor la Tierra. Grupo Noticias. Begoña Etxebarria y equipo de colaboradores
29/07/2026
Ir a la Luna para entender mejor la Tierra
Los astronautas de la reciente misión Artemis II nos han dejado una reflexión, aparentemente sencilla pero profundamente humana, sobre lo que implica pertenecer a un equipo o tripulación: ”personas que están en esto todo el tiempo, sin importar qué, remando cada minuto con el mismo propósito, dispuestas a sacrificarse en silencio por los demás, que perdonan y que se exigen cuentas”. La frase tiene algo de épica espacial, pero también de espejo social. Paradójicamente, hemos desarrollado una capacidad tecnológica extraordinaria pero nos cuesta cada vez más sostener vínculos colectivos estables, proyectos compartidos y culturas de responsabilidad mutua.
España acaba de recibir un nuevo informe de la OCDE que sitúa las bajas laborales en 4,9 semanas por empleado al año, el tercer nivel más alto de toda la organización, solo superado por Noruega y Finlandia. Cada persona trabajadora estuvo aquí, de media, 34 días de baja al año, una tasa que se ha incrementado el 69% desde 2018, muy por encima del 15%, media de los países miembros, datos que suponen un enorme impacto económico. En Euskadi la tasa de absentismo laboral alcanza el 8,8%; la tercera comunidad con mayor absentismo, claramente por encima de la media nacional (7,1%).
Datos globales detrás de los cuales se esconden multitud de situaciones particulares. Aproximadamente el 50% de las bajas corresponde a jóvenes menores de 35 años y, además, se concentran especialmente los lunes y los viernes. Y según los datos del Ivie y de las mutuas en Euskadi (2025) la primera causa de baja laboral médica prolongada entre menores de 30 años es la ansiedad, la depresión y el estrés.
Una situación que contrasta con el hecho de que las generaciones jóvenes han sido educadas en un contexto de mayor formación, acceso a recursos y oportunidades de bienestar.
Durante décadas, el empleo fue entendido como uno de los principales ejes estructuradores de la vida adulta. El trabajo garantizaba ingresos, organizaba el tiempo, aportaba conocimiento, generaba reconocimiento social y relaciones interpersonales, además de reforzar la sensación de contribución a la sociedad. Sin embargo, hoy muchas personas jóvenes se relacionan con el trabajo de una manera más
instrumental, flexible y menos vinculada a la construcción de una identidad estable. La idea de “hacer carrera” dentro de una misma organización ha ido perdiendo fuerza frente a trayectorias laborales más líquidas, fragmentadas y reversibles, marcadas por la movilidad, la incertidumbre y la búsqueda constante de adaptación. Los motivos de este cambio son diversos e interrelacionados; dificultades en el acceso a la vivienda, alto coste de la vida y bajos salarios. Y también mayores posibilidades de ir y venir, de buscar oportunidades más allá del espacio geográfico donde cada persona ha nacido y se ha formado, y retraso o renuncia a la maternidad/paternidad, lo que permite reducir la presión para la obtención de recursos y la estabilidad laboral.
El absentismo convive también con otro fenómeno distinto pero relacionado: la emigración. Según diversos estudios, siete de cada diez jóvenes cambiarían de país por trabajo y de estos, más de la mitad lo haría simplemente para vivir una experiencia nueva. La llamada “diáspora vasca”, estimada en alrededor de 90.000 jóvenes, surge por la búsqueda de mejore s condiciones profesionales y también como una
experiencia vital; la mayoría no se marcha por una necesidad extrema. Y mantienen vínculos emocionales con su origen porque el 85% afirma querer volver, a pesar de que sienten que en el extranjero son más valorados profesionalmente.
Tradicionalmente las políticas de retorno se han centrado casi exclusivamente en la reintegración laboral y no se han tenido en cuenta las experiencias psicosociales y los procesos identitarios, que a la postre son los que determinan profundamente la adaptación de quién retorna. No basta con facilitar empleo; también es necesario reconstruir pertenencia. Volver significa también renegociar quién eres, cómo encajas y qué reconocimiento encuentras en tu sociedad de origen.
Las organizaciones tienen un importante papel en esta tarea de reintegración personal y laboral. Son sistemas sociales que operan simultáneamente en tres niveles: individual, grupal y organizacional. A menudo se ofrecen soluciones en el plano individual para intentar resolver problemas estructurales: autocuidado, gestión emocional o terapia individual. Pero si el entorno organizacional permanece igual (culturas tóxicas, ausencia de propósito compartido, liderazgos incoherentes o relaciones laborales deshumanizadas) será dincil mejorar en el nivel grupal, ese al que la tripulación del Artemis II tanta importancia ha dado.
Los grupos permiten repartir tareas, aumentar la eficiencia y ofrecer respuestas a problemas complejos; pero también ofrecen apoyo emocional, aprendizaje compartido, y sen/miento de pertenencia. Buena parte de los logros humanos más importantes dependen de la coordinación entre personas con habilidades, competencias y perspectivas diferentes. Saber trabajar en equipo implica escuchar, cooperar, asumir responsabilidades, gestionar conflictos y comprender que el éxito individual muchas veces depende del éxito colectivo. Frente a una cultura cada vez más individualizada, recuperar el valor del grupo y de la interdependencia resulta clave para construir organizaciones más saludables, resilientes y humanas.
Pero el desano no es únicamente de las diferentes organizaciones que ofrecen trabajo. Es la propia sociedad, y los distintos agentes sociales que la componen, quienes tienen que asumir el reto de ofrecer respuestas y promover cambios profundos en la manera en que entendemos el bienestar, el trabajo y la sostenibilidad de nuestras formas de vida. Es imprescindible atender a los indicadores que nos alertan de que algo no está funcionando: el agotamiento emocional, la fragmentación social, la pérdida de vínculos, la creciente dificultad para encontrar un sentido compartido, o los crecientes problemas de conciliación entre la vida laboral y familiar.
La cuestión central de nuestra sociedad no es únicamente tecnológica y económica, sino también psicológica, social y cultural. Reducir el cansancio emocional, reforzar el sen/do de pertenencia a comunidades con propósito es hoy un reto para nuestras organizaciones, para el que tienen que actuar con una mayor colaboración y cercanía del sistema educativo y resto de agentes sociales implicados.
Tal vez necesitamos ir a la Luna para comprender mejor la Tierra.
Begoña Etxebarria, exdirectora de la Fundación Novia Salcedo y colaboradora de Arizmendiarrieta Kristau Fundazioa
Edurne Martínez-Moreno, directora del departamento de psicología social de la EHU
Fernando Sierra, director de Euskalit
Germán Gómez, sociólogo y consultor
