Transformar la educación, transformar la sociedad (Arantza Jaka. Grupo Noticias)

04/11/2022

Transformar la educación, transformar la sociedad

 

Bien podría ser un buen hashtag para cualquiera de las redes sociales de hoy. Una sencilla frase que viene de atrás en el tiempo, pero que, con un pequeño signo numeral por delante, queda transformado, nunca mejor dicho. Lo antiguo y lo nuevo se unen para seguir cocreando. Algo de ello, también, nos puede indicar el inicio de un nuevo curso. Porque después del parón de verano, retomamos, más o menos, lo de siempre, pero de manera renovada con resonancia de lo vivido en ese camino de horizonte.

En esa resonancia de la pausa del verano último, me viene a la mente, con frecuencia, un lugar concreto y muy sencillo, en una diminuta y tranquila calle, de un pequeño pueblo navarro. Allí, apoyado en la fachada de una bonita casa, reposa, desde el siglo pasado, un banco de madera antiguo con nombre propio: “El banco de Espe”. Espe falleció hace bastantes años, pero resulta entrañable perpetuar, de esa manera especial o diferente, el recuerdo de una persona que es portadora de una vida vivida y entregada con sentido propio y sentido comunitario. Me resonaba, también, a sabiduría, a vida saboreada y entregada.

Decidí sentarme en ese banco para acoger más resonancias, aunque con un pequeño libro entre manos, por si el pensamiento no atinaba a despegar. Pero sin mucha dificultad, me llevó, además, de a revivir tantos juegos alegres compartidos en la infancia por aquellas callejas, a rememorar y repasar diferentes encuentros, diálogos, reflexiones, documentos… compartidos en un curso que se terminaba, pero que nos dejaba tareas importantes a retomar a la vuelta, también en el mundo educativo. En la visión y en el recuerdo, un recorrido amplio, pero que, en todo momento, me ayudaba a engarzar lo anterior con el hoy de cada momento en esa dinámica de futuro.

Para ser más consciente de todo ello, rumié internamente y sin prisa, algunos momentos de los últimos once meses. Me percaté que quedaba subrayada la llamada a una educación transformadora, y a transformar la educación. Pero ¿realmente conceptos nuevos?, ¿semánticas novedosas? De repente, recordé, que, en el libro que tenía entre manos, un día subrayé algo relacionado con ello. Lo rescaté y leí: “Es necesario discutir y replantear la función de los Centros Educativos para que puedan responder a los anhelos más entrañables de liberación y desarrollo de la propia persona y de la comunidad”. Estaba fechado en el año 1974. Autor: Arizmendiarrieta. Además, aportaba esa pincelada de elevar miras al añadir: “no hay diálogo -discutir, replantear con sinceridad- si no hay un profundo amor al mundo, a las personas, si no se trasciende desde uno mismo hacia otros”.

Una llamada de transformación educativa que, también, lo recogen hoy otros documentos locales, nacionales e internacionales, que surgen de distintos ámbitos: UNESCO, OCDE, ODS2030, Pacto Educativo Global, nuevas leyes educativas y las que están en proceso… Ahí están, igualmente, las aportaciones que van haciendo la neurociencia y la psicopedagogía. Todos ellos se van encontrando en aspectos comunes: formar personas con criterio propio, capacidad crítica, creatividad, concepción humanista, aprendizaje para toda la vida, igualdad de oportunidades, deseos de aprender, cualificación personaliza, adecuada, significativa y de calidad, procesos inclusivos, equidad, cohesión social, convivencia, educación para la democracia, respeto a la pluralidad y a la libertad de creencias, desarrollo integral, creación de sinergias, cooperar, sostenibilidad, valores y obligaciones, hacia una mejora de nuestras sociedades, cambio social…

Y, nuevamente, recuerdo que parecidos anhelos ya están reflejados en el libro que tengo entre manos, a través de expresiones de Arizmendiarrieta: “La educación es el punto de apoyo natural e indispensable para la promoción de un nuevo orden social, humano y justo”; “Hay que afirmar y aplicar la igualdad de oportunidades de educación como aspiración y el ejercicio de un derecho… permanente”; “Un buen proceso y método educativo es aquel que el educando es auténtico protagonista”; “Socializar el saber”; “La inversión en educación es a largo plazo”; “’Ser’ prevalece sobre el ‘tener’”; “Creemos que la formación cultural y profesional de la mujer es el primer paso para su integración social en consonancia con la dignidad de su persona y exigencias de la vida actual”; “Tenemos que pensar más cada uno por sí…, salirse de una sociedad alienada y alienante”; “Aprendizaje que proporciona la resolución de los problemas”; “la persona, sed de infinito”…

Leyendo estos pensamientos me viene, también, una frase que aparece en un escrito de la Unesco: “Tenemos tradiciones culturales profundas, ricas y diversas que pueden servir de cimiento”. Y, realmente, cabe afirmar que, en nuestra cultura, sociedad, economía vasca, tenemos riqueza honda que nos sirve de cimiento sólido y válido, y de la que emana sabiduría para el hoy y el aquí hacia un mañana. Proceso que siempre se ha dado y se seguirá dando, y que se debería rescatar y saber más.

Sentarme en ese banco ha sido un acierto enriquecedor e inspirador. Y, aún con nubarrones en el horizonte, invitación a seguir avanzando con esperanza y anhelo en este compromiso educativo comunitario-social, porque las respuestas no se sitúan en la “nube” sino en el proceso del recorrido de “los pies en la tierra”, mirada elevada, pensamiento en marcha y manos en acción. Y porque este es nuestro momento. No tenemos otro. Nuevamente, nos hacemos eco de la voz asentada de Arizmendiarrieta que nos recuerda: “No es hora de lamentos, sino de acción”. Es tiempo de #transformar educativamente y con sentido, en este tiempo 4.0 que se ‘escapa’ hacia el metaverso. Como lo fue en el siglo pasado, aunque expresado de otra manera: “Aurrera egiteko, aldakuntza / estua zabaltzeko bihotzez zabaldu / lurraldeak nasaitzeko gizabideak ugaritu” (“Para avanzar, transformarse / para abrir lo estrecho abrirlo con el corazón / para ensanchar las tierras aumentar la convivencia”)

 

Arantza Jaka Amundarain

Área de Identidad-Pedagogía de Kristau Eskola y miembro del Consejo Rector de la Fundación Arizmendiarrieta