Fortalecer la sociedad civil. Guillermo Dorronsoro. El Economista

06/05/2024

Fortalecer la Sociedad Civil

Intervengo cada dos semanas en la radio para hablar de temas de actualidad en la economía, y en muchas ocasiones me veo en la necesidad de advertir que no hay nada parecido a una “respuesta correcta” para las preguntas que me formulan.

En lo que llamamos “economía positiva” sí podría haberlas, porque simplemente trata de medir de forma objetiva lo que ocurre. Aunque al elegir un indicador u otro, también corremos el peligro de introducir sesgos en nuestros análisis (un ejemplo típico es el PIB, que puede medirse de manera objetiva, pero no existe consenso en que sea el indicador que mejor describa el comportamiento del conjunto de la economía).

Sin embargo, en la “economía normativa” y en particular en la “economía política”, las respuestas dependen totalmente del posicionamiento ideológico. Para algunas personas, las recetas correctas pasan por dejar más libertad a los mercados, mientras que para otras pasan por incrementar la intervención pública. Es absolutamente opinable.

Desde mi perspectiva (aquí ya hay ideología) hay suficientes evidencias históricas de que los extremos de ambas opciones no han obtenido resultados positivos (aunque siga habiendo expertos que los defiendan). En general, un cierto equilibrio entre lo público y lo privado parece funcionar mejor, me parece. Aunque sobre las dosis exactas de la mezcla me parece que es mucho más difícil estar seguro en acertar.

En este debate secular, mi economista y Nobel favorito, Michael Spence, acaba de escribir un precioso artículo “Darle sentido a la sociedad” que me ha parecido muy acertado (se apoya, a su vez, en el último libro de la escritora y filántropa india Rohini Nilekani). En esencia, viene a decir que existe un ingrediente en la receta más importante, y que no depende de ideologías: la existencia de una sociedad civil fuerte, activa y vertebrada, que sirva como mecanismo de control de los excesos que pueden producirse tanto en la iniciativa privada como en la pública.

Llevo años preocupado por el declive de las instituciones de nuestra sociedad civil, sobre la forma en la que muchas personas han abandonado ese espacio que no pertenece ni las administraciones públicas ni a las empresas.

Si te pido que me nombres cinco personas destacadas en la política de nuestro país, probablemente no tardes en responder. Lo mismo si te pido cinco personas destacadas del panorama empresarial o financiero. Pero si te preguntase por cinco representantes destacados de la Sociedad Civil de nuestro país, cinco personas de criterio independiente que aporten opinión y compromiso en las cuestiones fundamentales de la actualidad ¿serías capaz de citarme al menos tres?

El debate inagotable de los partidos políticos, alimentado de forma también incansable por los medios de comunicación, es una trituradora implacable. Cualquier pensamiento independiente que brote es utilizado inmediatamente como arma arrojadiza por quien está en el poder o quien está en la oposición (o por ambos), para alimentar su enésimo debate electoral. Se elige un titular que pueda hacer ruido, se descontextualiza, y se arroja al barro de la bronca permanente. Rápidamente se buscan etiquetas para desacreditar la fuente, da igual ultraliberal que bolivariano, que decir que escribes “de parte”. Necesitas elegir bando, porque si no serás un traidor para todos ellos…

Temas absolutamente fundamentales para nuestro futuro como una reforma en profundidad del entramado público, un debate sereno sobre las razones del estancamiento de nuestra productividad, cómo construir una nueva cultura empresarial comprometida de verdad con las personas y con la sociedad, o cómo alcanzar un pacto intergeneracional que aborde una reforma en profundidad del sistema de pensiones no están en ninguna agenda, en ninguna conversación…

En fin, hace ya tiempo que me hice la promesa de escribir siempre en positivo, de nunca ceder a la fácil tentación del desánimo, de tratar de aportar luz y no sombras. Os dejo con el último párrafo del artículo de Michael Spence, que me ha parecido inspiradora:

“En un mundo cada vez más fragmentando entre los países y al interior de ellos, es fácil perder las esperanzas de un progreso social y económico. No es el caso de Nilekani, y su planteamiento reflexivo, realista y cautelosamente optimista sobre una sociedad civil sana.

Merece atención, reflexión y debate.”

Coincido. Ojalá sepamos construirla.

 

Guillermo Dorronsoro